CARLOS II y las herencias

 

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El falso pretexto de la Ley sálica 

La sucesión real francesa se había desarrollado sin problemas desde Ugo Capet, por lo que se llamó el "milagro capeto": desde 13 generaciones, cada rey de Francia había tenido a su muerte un hijo para sucederle. Las cosas se complicaron a la muerte de Luis X en 1316, que sólo dejaba a una hija, Juana, y a su viuda embarazada, Clemencia de Hungria. En noviembre de 1316, Clemencia parió a un hijo, declarado rey bajo el nombre de Juan I°. Pero murió al cabo de cinco días.

Al contrario de lo que se cree generalmente, la ley sálica era entonces ignorada de todos. No había norma de sucesión establecida y, tal como había ocurrido en los otros reinos europeos (Inglaterra, Castilla, Navarra, Portugal…), la corona habría debido transmitirse del último rey (Juan I) a su hermana Juana, de cinco años de edad. 

Jean I° “el Póstumo” (1316) y su hermana Juana II de Navarra, madre de Carlos II
(Basilique Saint-Denis, Francia)

No es la ley sálica que decidió lo contrario, sino la posición política del conde de Poitiers, Felipe – el futuro rey de Francia Felipe V el Luengo – que se hizo nombrar regente a la muerte de Luis X, y luego rey a la muerte de Juan I°. La oposición de algunos nobles que sostenían a Juana, en particular Eudes IV de Borgoña, no resistió a las compensaciones concedidas por el nuevo rey quién, entre otras cosas, ofreció su hija a Eudes IV. 

Jeanne II, reina de Navarra pero no de Francia 

Después de la muerte sin sucesión masculina de Felipe V (1322) y luego la de su hermano Carlos IV (1328), la rama de los capetos directos se apagó. Sin embargo, Juana no recuperó la corona de Francia, que pasó a unos primos distantes, los Valois

Pero llegó a recuperar el trono de Navarra, como herencia de su abuela Juana Ia, a la cual los Valois no podían pretender. 

Los reyes de Francia que se sucedieron, Felipe V, Carlos IV, Felipe VI, no cesaron arrogarse por distintos Tratados los bienes que debían pertenecer a Juana, la Brie y la Champaña, así como el condado de Angolesme. Esta expoliación duró hasta la muerte de Juana en 1349 y su hijo Carlos II de Navarra conservó un fuerte resentimiento. 


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