El reino de Navarra à la época de Carlos II, clave de los Pirineos 

Un reino pequeño en tamaño pero grande por su influencia

 

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Las dinastías reales de Navarra

El reino de Navarra fue fundado en el siglo IX por poblaciones cristianas del norte de España, al lado de los condados de Castilla y de Aragón. Hasta el siglo XIII, la corona real perteneció a dinastías originarias de Navarra. El último rey de origen navarra fue Sancho VII el Fuerte (1170-1234), rey de 1194 a 1234. Muerto sin hijos, le sucedió su sobrino Teobaldo I° (Thibaud), hijo de su hermana Blanca de Navarra y del conde Teobaldo de Champaña (Thibaud de Champagne). Esta sucesión en manos extranjeras era permitida por el fuero de Navarra, pero con algunas restricciones en cuanto a los funcionarios que serían nombrados para dirigir el reino. 

Teobaldo I° tuvo dos hijos quienes reinaron, Teobaldo II (1238-1270), rey desde 1253 hasta 1270, y Enrique I° (hacia 1240-1274), rey entre 1270 y 1274. Enrique murió sin hijo varón y su hija Juana Ia de Navarra (1271-1305) heredó de la corona en 1274. Casada con Felipe IV el Hermoso (Philippe IV le Bel), rey de Francia, transmitió a los Capetos la corona navarra. 

Su hijo Luis X Utín (o el Atrevido, 1289-1316), Luis I° para los Navarros, fue rey desde 1305 a 1316. Viajó a Navarra y fue coronado en Pamplona en 1307. Sus hermanos Felipe V el Luengo y Carlos IV el Calvo (o el Hermoso) también se intitularon reyes de Navarra, pero no fueron reconocidos como tales por los Navarros porque nunca aparecieron en el reino y tampoco fueron coronados en Pamplona, lo que era requerido por el fuero de Navarra. 

Para los Navarros, Juana (1311-1349), hija de Luis X Utín era la heredera del reino. Fue reconocida como reina en 1328 por las Cortes, y su marido Felipe de Evreux - nieto del rey de Francia Felipe III el Atrevido - como rey consorte de Navarra bajo el nombre de Felipe III. Los dos soberanos fueron coronados en Pamplona a 5 de marzo de 1329. Su hijo Carlos II, conocido como "el Malo" reino sobre Navarra de 1349 hasta 1387, siendo también desde 1343 conde de Evreux en Normandía. 

El Reino de Navarra en el siglo XIV 

Pequeño por su tamaño, grande por su influencia. Así se podría describir el reino de Navarra en el siglo XIV. Extendido sobre unos 12.000 km2, era uno de los más pequeños reinos de Occidente. Se extendía sobre la actual provincia española de Navarra – cuyos límites cambiaron poco desde estos tiempos – pero incluia además una franja de tierra al oeste, la Sonsierra (actualmente en La Rioja y Alava), y al norte la merindad de Ultrapuertos o Baja Navarra (actualmente en Francia, en el departamento de los Pirineos Atlánticos).

El reino de Navarra en el siglo XIV

El reino estaba entonces muy poblado y albergaba unos 4% de la población de la Península Ibérica (1% en la actualidad). Rico por sus paisajes variados, minas en el norte, ganaderias y áreas de cultivo y viñedos al súr, Navarra vivía esencialmente en autarquía.

Pero políticamente, el reino era una clave en los Pirineos, entre Castilla y Aragón al sur, este y oeste, y los Ingleses al norte, quienes ocupaban la Aquitania con el puerto de Bayona, y el vizcondado de Bearn, a manos del famoso Gaston Febo, vasallo del rey de Francia. Los reyes de Navarra, también Capetos y condes de Evreux, ocuparon un lugar importante en la escena política francesa, especialmente porque eran estrechamente emparentados con los reyes de Francia por muchos matrimonios concluídos durante la primera mitad del siglo XIV. 

Carlos II de Navarra, apodado posteriormente "el Malo", parece haber sido amado por su pueblo, y logró protegerlo durante las guerras. También mantuvo la integridad de su reino frente al poderoso vecino castellano. Pero su hijo Carlos III "el Noble" heredó en 1387 del reino con un tesoro vacío. 

Después del reinado de Carlos III, entre 1387 y 1425, y luego de su hija Blanca, desde 1425 hasta 1441, el reino comenzó una larga agonía, víctima de disputas de sucesión que provocaron una guerra civil. El reino de Navarra fue finalmente conquistado en 1512 por las tropas del duque de Alba, y luego anexionado por España en 1516. Los descendientes y sucesores de Carlos II en 1589 ceñirán la corona de Francia con Enrique IV. No es sin orgullo que se intitularon reyes de Francia y de Navarra, relevando el título de rey de Navarra que ya no representaba ningun poder temporal, excepto en la Baja Navarra. Este título marcaría durante varios siglos la importancia pasada de este reino, y hoy todavia la frase "de France et de Navarre", frecuentemente utilizada en Francia, atando los nombres de los dos reinos, muestra la grandeza pasada del reino, parcialmente debida a la acción de Carlos II "el Malo".

 

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